El delito de estafa (II): El “engaño bastante” en casos relacionados con el esoterismo

La entidad del engaño pretendido por el sujeto activo ya fue protagonista de la anterior entrada dedicada al delito de estafa (El delito de estafa (I): La capacidad del sujeto pasivo). Sin embargo, esta vez el problema que se planteará atañe al propio sujeto activo, es decir, aquel que con su conducta pretende, mediante el engaño y con ánimo de lucro, un desplazamiento patrimonial en su beneficio. Concretamente, la cuestión gira en torno a la posibilidad de que la actividad de aquellos que se dedican a lucrarse con el supuesto empleo de técnicas esotéricas o con el uso de métodos alternativos a aquellos cuyo beneficio ha sido contrastado científicamente, como curanderos, mediums, videntes, entre otros, deben ser o no considerados como sujetos cuya conducta en relación con sus clientes puede entenderse como constitutiva de un delito de estafa.

Para dar respuesta a la cuestión planteada debemos referirnos necesariamente a los dos parámetros a través de los que se analiza si se ha producido o no el “engaño bastante” que exige el tipo ex art. 248 CP. El primero, la idoneidad objetiva del engaño empleado. El segundo, las circunstancias en las que se encuentra el sujeto pasivo respecto de dicho engaño. Si la conducta del sujeto activo resulta idónea para causar error en otro que, según sus circunstancias y sus características personales, resulta susceptible de ser engañado por las maquinaciones del primero, se cumplirán los elementos objetivos del tipo, por lo que podrá existir delito de estafa. Determinar dichos extremos constituye una intrincada tarea para el juzgador, que deberá analizar cada caso de forma independiente, empleando dichos parámetros para deducir si el engaño reunía entidad suficiente.

Doctrina y jurisprudencia se han pronunciado al respecto, rechazando, por lo general, la tipicidad de dichas conductas.

DOCTRINA

MESTRE DELGADO (Delitos y faltas. La parte especial del Derecho penal. Madrid: Colex, 2013. p. 351) hace referencia a la STS de 17 de febrero de 2005, donde el Alto Tribunal expuso que el engaño es bastante cuando es “idóneo, relevante y adecuado para producir el error que genera el fraude. Capaz de mover la voluntad normal de un hombre, por lo que queda erradicado no sólo el engaño burdo, grosero o increíble por su inaptitud de impulsar la decisión de las personas normalmente constituidas, y también aquel engaño que no posea un grado de verosimilitud suficiente para confundir a la víctima“, de lo que el Doctor en Derecho por la Universidad de Alcalá deduce que “debe precisarse que no cumplen con este requisito de sudiciencia del engaño las conductas de quienes aventan la credulidad pública con instrumentos socialmente valorados como de dudosa fiabilidad (lectores del futuro en las manos, echadores de cartas, o intérpretes del futuro en objetos diversos)“.

Por otro lado, aunque en el mismo sentido, MUÑOZ CONDE (Derecho Penal: Parte Especial. Valencia: Tirant lo Blanch, 2015. p.373) afirma que “Cuando el sujeto pasivo lleva a cabo la disposición patrimonial sin error de ningún tipo, a sabiendas del engaño del que es objeto y por puro pasatiempo o liberalidad, tampoco existe estafa: echadoras de cartas o de buenaventura, falsos adivinos, etc., que no engañan a nadie, pero que obtienen dinero y se ganan la vida de este modo. “.

Olvida el Dr. Muñoz Conde que sí hay personas que son engañadas por quienes se dedican a ese tipo de actividades, y es que precisamente el parámetro subjetivo del que debe hacerse uso para determinar si concurren los elementos objetivos del tipo valora las circunstancias del sujeto pasivo y su credulidad.

JURISPRUDENCIA

La jurisprudencia no ha sido unánime ofreciendo una respuesta a la incógnita que suscita la conducta de los sujetos mencionados, ofreciendo más o menos credibilidad o capacidad de engaño a los mismos según el caso.

La STS nº 89/2007 de 2 de febrero (RJ 2007\719) se mostró contraria a aceptar, generalmente, que en los mencionados casos exista delito de estafa:

“Si tenemos en cuenta que el engaño nace de una relación de comunicación, personal o indirecta, con la persona engañada, para graduar su intensidad, es necesario tener en cuenta las cualidades del sujeto pasivo. Para completar este cuadro es necesario tener en cuenta el grado de conocimiento medio de una sociedad que, como sucede en el caso presente, vive ya en el siglo XXI. El ciudadano medio de nuestra sociedad, tiene un nivel de información sobre estas enfermedades y sus características, que difícilmente puede alegar confianza racional en poderes paranormales. Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a mediums, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal.

En estos casos, por lo general, se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa.”

El TS admite, por lo tanto, que cabe la posibilidad de que pueda cometerse un delito de estafa en estos casos, pero no le atribuye gran importancia a la misma, afirmando que no se aceptará frecuentemente y que es díficil aceptar un argumento como tal en la actualidad.

Por otro lado, la STS nº 2464/2001 de 20 de diciembre (RJ 2002\279) se muestra mucho más abierta a entender que concurren los elementos objetivos del delito de estafa en los casos a los que se hace referencia en esta entrada.

El Alto Tribunal se apoya para ello en la necesidad de atender no solo a criterios objetivos, por los que la actuación de mediums, videntes o sujetos que realicen actividades semejantes resultaría atípica por no ser suficiente para causar un engaño bastante en su destinatario, sino también a criterios subjetivos, a través de los cuales puede entenderse que ciertas personas hayan sido movidas a realizar un desplazamiento patrimonial en favor del sujeto activo, creyendo de verdad en el servicio que estaban recibiendo:

 “Así, en la fundamentación de la sentencia, se confirma que el acusado, conociendo las características personales de su víctima, «crea la necesidad de su servicio». Resulta probado que la víctima que ya creía en los poderes paranormales del acusado, lo que no integraría el engaño típico, fue presionada y le fue creada la necesidad de los «servicios» que el acusado prestaba sobre una persona con carencias intelectivas, acomplejada y con caída de su autoestima. Desde esos presupuestos personales, la conducta de quien genera necesaria su concurrencia y el abono de cantidades económicas para «mejorar las relaciones entre Alejandrina y la novia de su hermano», «para evitar un accidente de sus padres que había visto en sueños», «para separar a la novia de su hermano», «para proteger al resto de sus hijos de las enfermedades que ella padecía», etc., forman parte de una puesta en escena tendente a la acechanza de un patrimonio ajeno típico de la estafa.

No se trata de una relación en la que la víctima cree y en su virtud, libremente, dispone de su patrimonio, sino que, como se declara, la víctima fue presionada y aprovechando sus particulares circunstancias el acusado creó la necesidad y la presionó para que realizase disposiciones si quería evitar los males que el acusado vaticinaba y cuyo único remedio era su actuación remunerada.

Nos encontramos, pues, ante una persona vulnerable e influenciable sometida a presión continuada que ve alterada su personalidad, llegando a tener ideas inducidas de suicidio, es decir una profunda alteración determinante de la situación de error bajo la que realizó las disposiciones económicas típicas de la estafa.

CONCLUSIÓN

De nuevo, nos topamos con la imposibilidad de formular una regla que pueda ser aplicada en la totalidad de los casos. Ante la inmensa amplitud de la casuística penal referida a los actos de sujetos que se dedican a actividades esotéricas, debe analizarse cada caso haciendo uso de los parámetros mencionados. Si el engaño es objetivamente idóneo y, además, debe esperarse de la víctima, por sus características mentales y por las circunstancias en las que se encuentra, que haya sido capaz de ser engañada por las maquinaciones llevadas a cabo por el acusado, se entenderá cometido un delito de estafa.


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