El delito de estafa (I): La capacidad del sujeto pasivo

Con esta entrada comienzo una serie dedicada al delito de estafa (artículo 248 CP). No se tratará de detallar los elementos que integran dicha figura delictiva y ofrecer un resumen de su estructura, sino que se pretende destacar ciertos aspectos de sumo interés que mostrarán parte de la amplia casuística inherente a la Parte Especial del Derecho penal.

La primera cuestión que voy a analizar es la de la capacidad del sujeto pasivo del delito de estafa. Cuando se examina el tipo objetivo de este delito se observa que, básicamente, viene integrado por un engaño de entidad suficiente para provocar que un tercero realice una disposición patrimonial que le perjudique a él o a otro, en beneficio del sujeto activo del delito. Dicho esto, es una obviedad afirmar que la entidad del engaño deberá ser mayor o menor dependiendo del sujeto activo. Y es que ciertos sujetos pasivos son tan vulnerables a ese tipo de conductas, que debemos plantearnos si de verdad se comete un delito de estafa cuando la misma se dirige a aquellos. La doctrina y la jurisprudencia, como veremos a continuación, lo ha resuelto razonablemente bien.

DOCTRINA

MUÑOZ CONDE (Derecho Penal: Parte Especial. Valencia: Tirant lo Blanch, 2015. p.373) lo explica concisa y tajantemente: “En todo caso, el sujeto pasivo ha de tener una capacidad mínima jurídicamente reconocida de disposición de las cosas”. Se deduce de ello que todo sujeto que no goza de la suficiente capacidad jurídica para disponer de un patrimonio no podrá ser sujeto pasivo del delito de estafa y ello conllevará la atipicidad del delito en el marco del análisis de la concurrencia de esta figura delictiva en concreto, por no darse los elementos objetivos del tipo.

A continuación, MUÑOZ CONDE hace referencia a la dirección que ha tomado la doctrina en cuanto a este problema: “si se trata de un menor o de un enfermo mental, el engaño que determina que una persona en esta situación entregue una cosa se considera por la doctrina dominante como hurto y no como estafa”. Dice, por lo tanto, el doctor en Derecho por la Universidad de Sevilla, que la conducta es atípica en cuanto a la estafa, pero, en cambio, sí integra los elementos del tipo de hurto.

JURISPRUDENCIA

La STS número 837/2007 de 23 de octubre (RJ 2007\6964) revisaba en casación un caso de estafa en el que el sujeto pasivo, la víctima del delito, era un hombre que sufría, en palabras del Alto Tribunal, “un retraso mental importante”. Dicho sujeto había sido descrito en el informe forense llevado a cabo durante el procedimiento como un hombre cuya inteligencia corresponde a la de un niño de 10 y 12 años. Por ello, la conclusión a la que llega el TS nos valdrá para resolver si ante la comisión de una estafa cuyo sujeto pasivo sea un menor habrá de imputarse un delito de estafa o de hurto. Pues bien, la Sala 2ª expresó que “Es claro que un menor, con una edad comprendida entre 10 y 12 años, no puede concluir válidamente negocios jurídicos, pero sí puede valorar su entorno y tomar decisiones, aunque carezcan de valor jurídico”. Dicho razonamiento nos lleva a afirmar que, efectivamente, un menor puede ser sujeto pasivo de un delito de estafa, aunque parece que dependerá de la concreta capacidad del mismo en cada caso.

Posteriormente, la Sala expone lo siguiente en relación a la valoración individualizada de la capacidad de sufrir el engaño al que hace referencia el tipo “en casos de incapacidad que no sea total y absoluta, no queda excluida la posibilidad de la estafa, pues precisamente las condiciones mentales del sujeto pasivo son relevantes a los efectos de establecer la idoneidad del engaño en función de la credulidad de la víctima […] Es decir, que lo que para un sujeto normal podría no ser un engaño idóneo habida cuenta de la previsible y exigible reacción defensiva basada en una valoración realista de la situación, podría serlo si el sujeto carece de esa capacidad en una medida tal que le impida la reacción esperable de un sujeto normal, de manera que resulta más fácil que acepte la apariencia de realidad que le ofrece el autor. No se trata de los casos en los que la doctrina entiende que no existe posibilidad de engaño al no existir una voluntad susceptible de ser captada para la ejecución del acto de disposición, sino de aquellos otros en los que una disminución de las facultades del sujeto lo hace más accesible a la maniobra engañosa del autor.”

El Alto Tribunal se pronuncia sobre la cuestión objeto de esta entrada matizando el concepto de incapacidad que nos llevaría a afirmar la atipicidad por falta de la posibilidad de engañar al sujeto pasivo. Éste, si en alguna medida es capaz de valorar las opciones que se le presentan de cara a tomar una decisión que afecta a su patrimonio o al de otro, podrá ser sujeto pasivo del delito de estafa, rebajando notablemente el margen por el cual se apreciará como bastante o de suficiente entidad el engaño que exige el tipo.

CONCLUSIÓN

De la propia definición típica del hurto que hace el artículo 234 CP (“El que, con ánimo de lucro, tomare las cosas muebles ajenas sin la voluntad de su dueño”) se deduce que, para optar por esta vía cuando el sujeto pasivo de una supuesta estafa sea un menor, un incapacitado u otro sujeto susceptible de no ser capaz de sufrir un engaño por tener sus condiciones mentales severamente limitadas, deberá haberse llegado a la conclusión de que dicho sujeto pasivo no ostenta una capacidad de decisión o de dirigir su voluntad suficiente, por lo que, un acto cuyo fin es el de conseguir tomar algo de su propiedad mediante un pretendido engaño, será constitutivo de hurto, no de estafa.

Deberá valorarse, por lo tanto, en cada caso, la capacidad mental de la víctima para optar por la aplicación de uno u otro tipo. Debe tenerse en cuenta, aunque resulte evidente, que no estamos ante un concurso de leyes, en el que una conducta es susceptible de ser constitutiva de dos o más delitos distintos entre sí y debe resolverse por las reglas del artículo 8 CP, sino de un acto que, de ser la víctima incapaz de forma absoluta, sería atípico en cuanto a la estafa, pero típico en relación con el hurto.


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