¿Cuándo se consideran delito los insultos y expresiones hirientes?

La reforma del Código Penal llevada a cabo a través de la LO 1/2015 provocó trascendentales cambios en nuestra legislación relativa a dicha rama pública del derecho. Uno de los cambios más sonoros fue la desaparición de las faltas, que por su propia denominación denotaban cierta levedad de los hechos punibles que tpificaban las mismas. Pero el cambio de nombre no conllevó un enduricimiento generalizado de las penas por la comisión de dichas faltas ni sencillamente un cambio de la percepción de la gravedad de las mismas, sino que con dicho cambio se produjo la despenalización de varios de los hechos punibles anteriormente recogidos. Unos pasaron a poder reclamarse en vía civil, como las injurias leves entre particulares (artículo 620.2º CP antes de la reforma)  o el incumplimiento del régimen de visitas (artículo 618 CP). Otros, en cambio, pasaron a pertenecer a la vía  administrativa a través de la LO 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana como la falta de deslucir la propiedad ajena de la que escribí en la anterior entrada ‘¿Constituye delito pintar un ‘graffiti’ en bienes públicos o privados?’.

Pues bien, en esta entrada quiero referirme a la despenalización de las injurias leves entre particulares, concretamente me referiré a las injurias que no tienen que ver con la imputación de hechos sino a aquellas relativas a las expresiones que lesionan la dignidad de otro. Si las injurias leves entre particulares se han despenalizado, ¿Cuándo podemos considerar que se ha cometido un delito de injurias a través de una expresión hiriente? Según el actual artículo 208 CP, constituirán delito “las injurias que, por su naturaleza, efectos y circunstancias, sean tenidas en el concepto público por graves”. Y aquí es donde nos encontramos de nuevo con la abstracción habitual de un código que, por razones prácticas, no recoge una casuística interminable para determinar cuándo es grave o cuándo es leve una injuria. Por ello, debemos acudir a la jurisprudencia, que nos aclara cómo distinguir entre dichos niveles de gravedad. En los casos que expondré, los Magistrados diferenciaron entre la despenalizada falta y el delito de injurias graves.

La Sentencia núm. 1113/2007, de 28 de diciembre, dictada por la AP de Madrid enjuiciaba los insultos proferidos por un hombre a su pareja, con la que se encontraba en una situación de separación matrimonial. En este caso, el hombre le dijo “perra” y “ya te pillaré” a la denunciante, y la AP determinó que se trataba de una falta de injuria leve. Para arrojar cierta luz sobre la diferencia entre la injuria grave y la leve, la AP recurrió a reiterada jurisprudencia del TS, en la que se expone que el delito de injuria es circunstancial, que depende mucho de cada caso concreto, debiéndose considerar el contexto, la entidad de la expresión y el animus inuiriandi.

Es precisamente el Alto Tribunal (STS de 22 de mayo de 1991) el que expresó lo siguiente en relación a la indeterminación del término ‘gravedad’ en la legislación penal: “la gravedad como circunstancia jurídica de agravación jurídico-penal es una expresión general que, en función de las circunstancias de personas, de tiempos, de lugar, de ocasión, de relación entre quien ofenda y quien es ofendido, es o no de aplicación a cada caso concreto. Se trata de un concepto jurídico indeterminado cuya proyección obliga al Juez, de acuerdo con los factores ya señalados, y con la propia realidad social a la que el art. 3.1 del Código Civil llama para integrarse en el complejo fenómeno de la búsqueda y alcance de las normas jurídicas, a graduar las características de la ofensa para decidir después si el hecho es grave o constituye, por el contrario, una injuria liviana”

En otra sentencia anterior,  la número 322/2007 de 16 de mayo de la misma AP de Madrid,  se decidió que las expresiones “puta”, “hija de puta”, “puta extranjera”, “cabrona”, “ladrona”, “me la chupas”, realizadas a través de mensajes por teléfono móvil de una persona a otra en el marco de una conversación privada y a consecuencia de una reclamación de dinero, no constituían delito de injuria, sino únicamente falta, debido a ” las circunstancias en que se vierten las expresiones, la entidad de las mismas y relaciones entre las partes (que posteriormente al envío de los mensajes, se vieron y rebajaron el tono mostrado en los mismos)”

Los citados insultos probablemente a todos nos parecerán ciertamente graves, dado que muestran una actitud muy grosera por parte de quien los profiere, pero la AP de Madrid no los consideró graves debido a las circunstancias e incluso a su propia entidad. En cambio, en otras ocasiones, como en la sentecia que citaré a continuación, se han considerado gravs otras expresiones que no contenían palabras tan sonoramente groseras como las anteriores, muy difíciles de superar.

La AP de Jaén, en la sentencia número 72/2005 de 6 de abril,  consideró los siguientes hechos como constitutivos de una injuria de carácter grave: «…para a continuación dirigirse al querellante diciéndole “eres de la familia pobre de los Bartolomé, te crees que eres algo en Linares y eres una mierda”, entablándose así una acalorada discusión en la que en el cruce de palabras el acusado le gritó “yo por lo menos se hacer hijos en condiciones” reiterando dicha expresión en varias ocasiones, siendo así que una de las hijas de Gonzalo (el denunciante y víctima de los insultos) padece una grave enfermedad que precisa de continuos cuidados médicos y por la que ha sido intervenida en numerosas ocasiones, de la que aquel era conocedor, aunque desconociese las deformaciones congénitas inherentes a tal enfermedad».

En este caso, la AP de Jaén consideró que resultaba obvio el carácter ofensivo de los términos, por conocer el acusado la grave situación familiar que padecía la víctima, que presentó un serio cuadro depresivo como consecuencia del suceso. Se entendió, por lo tanto, que hubo ánimo de injuriar.

Por último, quisiera recoger también lo expuesto por la AP de Barcelona, en su sentencia número 30/2005 de 10 de enero. En la misma, el ponente se extiende explicando cómo la jurisprudencia del TS ha delimitado la dualidad entre las injurias graves y las leves. Se dice en dicha sentencia, que la diferencia entre ambas es circunstancial, que obedece a las circunstancias de personas, de tiempo, de lugar o de ocasión, requiriéndose para ambas una expresión objetivamente ofensiva para agraviar al sujeto, atendiendo al valor gramatical de las palabras, y un animus iniuriandi , que será el que facilitará la interpretación de las expresiones de caras a resolver si las mismas tienen suficiente entidad o importancia.

En definitiva, y como era de esperar de nuestros órganos jurisdiccionales en el ámbito penal, para determinar si estamos ante una injuria grave o leve, no se mide únicamente la consideración social de las expresiones proferidas en sí mismas, sino que se evalúa la intención de herir a la víctima y si el contexto favorecía el causar un daño a la misma o no, de tal manera que un insulto sonoramente grave puede quedar en una injuria leve y por lo tanto, relevante ahora únicamente en vía civil, y una expresión que no tiene un carácter gramaticalmente grosero, pero que, valorando las circunstancias en que se produjo, causa un daño grave en la víctima, puede considerarse como injuria grave e incumbirá a los Juzgados y Tribunales de la jurisdicción penal condenar o no al acusado.


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