El autoencubrimiento impune

Cuando alguien comete, por ejemplo, un homicidio o un asesinato, no es de extrañar que posteriormente a la comisión de dicho hecho delictivo se pretenda por el autor eliminar toda prueba posible que le relacione con el mismo. En términos generales, podemos afirmar que llevar a cabo dichos actos no es una conducta constitutiva de delito, porque el autoencubrimiento ha sido declarado por nuestro Tribunal Supremo como impune en muy diversas ocasionesSTS núm. 497/2012, de 4 de junio  (RJ 2012, 7514)  , SSTS núm. 600/2007, de 11 de septiembre  (RJ 2007, 5374)  , y  671/2006, de 21 de junio  (RJ 2006, 3769)  STS de 05/02/1990  (RJ 1990, 1052) ), pero hay que aclarar que el autoencubrimiento puede conllevar la realización de una acción típica  en alguna ocasión.

La reciente STS número 20/2016 de 26 de enero (RJ 2016/375) hace referencia a esta posibilidad y la confirma. El caso que tuvo que enjuiciar dicho Tribunal en esta ocasión fue el asesinato de un anciano cuyo cuerpo se quiso trocear y quemar posteriormente a su muerte por el autor del crimen. Pues bien, la duda giraba alrededor de la posibilidad de considerar que esos actos cometidos contra el cuerpo de la víctima posteriormente eran constitutivos de un delito de profanación de cadáveres del artículo 526 CP.

Debemos partir , para analizar un caso como el que presento, de que sí se han realizado los elementos que requiere el tipo de forma dolosa, por lo que el autor del asesinato era consciente de que posteriormente a la muerte de la víctima y concurriendo en él la voluntad de hacerlo, estaba realizando las acciones contra el cuerpo del difunto anciano que luego el Tribunal calificaría como de profanación del cadáver. Teniendo esto en cuenta, ¿de qué manera podríamos dejar como impune lo cometido después del asesinato? Argumentando que estamos frente a un concurso de leyes o normas que se resuelve mediante el principio de consunción (8.3 CP) por la absorción del desvalor del hecho de quitar la vida de forma alevosa (así ocurrió en este caso y por ello se calificó la muerte como asesinato) del desvalor del hecho de haber profanado el cadáver. Es decir, no queda sin castigo la profanación porque con el castigo del asesinato ya se abarca toda la repercusión penal suficiente que le corresponde al autor del delito. En base a esta argumentación resolvió el TS algunos casos relacionados con el presente y de hecho, la STS que nos ocupa en esta entrada hace referencia a las mismas ( STS núm. 671/2006  (RJ 2006, 3769) ; (  STS núm. 181/2007, de 7 de marzo  (RJ 2007, 1782)  ).

Pero como recuerda la STS 20/2016 de 26 de enero al final de su fundamento jurídico Tercero, en un caso en el que los actos llevados a cabo para encubrir un delito rebasan la antijuridicidad que abarca el mismo, el autoencubrimiento impune no puede estimarse. Por lo tanto y en conclusión, podrán castigarse aquellos actos dirigidos a encubrirse a uno mismo si éstos constituyen por sí mismos un nuevo delito cuyo desvalor no es subsumible en el del delito que origina esta conducta.


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