¿Coautoría o cooperación necesaria?

Se trata de una distinción aparentemente complicada, pero precisamente desde esta entrada un servidor tratará de clarificar por qué ambas figuras se encuentran en grados distintos de participación en el hecho punible.

Primero de todo cabe tantear un poco el terreno y explicar qué concepción de autoría encontramos en nuestro Código Penal. El artículo 28 del mismo dice lo siguiente:

“Son autores quienes realizan el hecho por sí solos, conjuntamente o por medio de otro del que se sirven como instrumento.

También serán considerados autores:

a) Los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo.

b) Los que cooperan a su ejecución con un acto sin el cual no se habría efectuado.”

Por lo tanto, queda claro que el cooperador necesario y el coautor recibirán la misma pena, así como los inductores (aquellos que mediante su influencia psíquica en otro consiguen que éste realice un acto delictivo concreto), los autores mediatos (El que se sirva de otra persona como instrumento para cometer un delito) y los autores en solitario.

La cooperación necesaria sería por tanto una forma de participación en el hecho ajeno que se diferencia, por lo tanto, de la autoría por una cuestión cualitativa. Ciertamente, acudiendo al sentido común, es claro que no puede otorgársele la autoría de un hecho punible a quien facilita un arma a otro para que este último cometa un homicidio o asesinato con arma de fuego, sino que lo que está haciendo es colaborar con un acto sin el que no habría sido posible tal delito. De todas maneras, el límite a partir del cual se le atribuye la globalidad del hecho al colaborador es pieza de un extenso debate en el que nos adentramos a continuación.

Cabe, para ello, proceder a un análisis teórico introductorio antes de presentar diversa jurisprudencia que nos de una versión más gráfica de la diferencia entre coautoría y cooperación. Para llevarlo a cabo he encontrado tremendamente útil el libro de Carolina Bolea Bardón, profesora de penal en la Universidad de Barcelona, titulado ‘La cooperación necesaria: análisis dogmático y jurisprudencial. Atelier, Barcelona, 2004’, del que extraigo el suficiente sustrato teórico como para explicar aquí de manera llana qué necesita la actuación de uno de los sujeto activos del delito para traspasar la línea de la cooperación necesaria hacia la coautoría.

Partiendo de que no puede aplicársele una pena a alguien por lo hecho por otra persona, debe encontrarse el fundamento por el cual se le puede atribuir la globalidad de un hecho típico ejecutado por varias personas a cada una de ellas, incluso en el caso de un homicidio donde solo uno de los sujetos activos del delito ejecuta el acto típico de causar la muerte a la víctima o sujeto pasivo del delito. Ese fundamento lo encontramos en la concurrencia de  los diferentes presupuestos que determinan la coautoría, y ésta, tal y como expresa la profesora Bolea, “supone la realización conjunta y mutuamente aceptada de un hecho típico que se materializa a través de contribuciones esenciales necesariamente aportadas en la fase ejecutiva.” Es decir, que cada uno de los que participan en la realización del hecho típico, por ejemplo, causar lesiones a un tercero, contribuyen de forma especialmente importante en la fase en la que esas lesiones se producen, esto es, en la fase ejecutiva del iter criminis (camino del delito), después de la fase preparatoria.

Vayamos ahora a desglosar ahora esta definición de coautoría elemento por elemento, para así extraer una conclusión final de su diferencia con la cooperación necesaria:

  • Realización del hecho típico de manera mutuamente aceptada:

Tal y como recoge Bolea, Santiago Mir Puig, catedrático de Penal de la UB, dice que “solo realizan el hecho conjuntamente, en el sentido del 28 CP, quienes se inscriben conscientemente en el plan conjunto, sabiendo que su intervención constituye una parte del mismo”. Y es que para poder imputar el hecho global a cada uno de los intervinientes es necesario que cada uno tenga acceso a la parte que él mismo no ha ejecutado. La aceptación de las intervenciones ajenas en el hecho típico llevado a cabo de forma conjunta podrá ser tácita (mediante actos concluyentes, es decir, de los que se concluya eficazmente que se acepta aquello actuado por los demás) o expresa.

¿Es necesario un acuerdo previo? No siempre es necesario y ni siquiera siempre es suficiente, como ya defiende el Tribunal Supremo, que acepta la figura de la coautoría sucesiva, es decir, la adhesión de un tercero a la ya comenzada realización del hecho típico por los sujetos activos.

  • Contribución necesariamente aportada en la fase ejecutiva.

Tal y como expresa Bolea, de forma acertada según la humilde opinión de quien les escribe, solo aquel que actúa en fase ejecutiva puede determinar el sí y el cómo de la realización típica. Es decir, quien planea llevar a cabo un asesinato puede planearlo a la perfección pero si los que deben disparar a la potencial víctima deciden no hacerlo, el perfeccionado plan se queda en papel mojado.

Es cierto, de todos modos, que algunos juristas de la talla de Hans Welzel o Günther Jakobs, apoyan la idea de que se pueda ser coautor participando únicamente en la fase preparatoria del hecho típico. Realmente, es Welzel el más moderado de los dos, que formuló la teoría de la compensación por la cual “El minus de coparticipación objetiva en la realización típica tiene que ser compensado con el plus de la coparticipación especial en la planificación del delito”, queriendo expresar que para considerar a uno coautor por sus actos en la fase preparatoria del hecho típico, su participación en los mismos debían compensar su poca participación en la fase ejecutiva. De esta manera, aquel que planeara de forma exhaustiva un plan para herir a un tercero, aunque luego únicamente vigilara que no viniera la policía a arrestar a sus compañeros y sujetos activos del delito, quedaría encuadrado en la coautoría gracias a su mayor aportación en la fase preparatoria. Jakobs iba más allá afirmando que lo mismo podría pasar incluso cuando no se participara en absoluto en la fase ejecutiva.

Pero tal y como responde la profesora Bolea a esta teoría, aquellos que participan en la fase preparatoria dependen totalmente de la voluntad de los que sí llevan a cabo el hecho típico en su fase ejecutiva. Y es que,  y para cerrar la disección de este elemento de la coautoría, el jurista alemán Claus Roxin aportó una reflexión muy gráfica diciendo que “quien contribuye sólo durante la preparación tendrá que «soltar de la mano» en algún momento el hecho y fiarse a partir de entonces por completo del otro”. Por lo tanto, hará falta un dominio positivo del hecho para constituirse en coautor.

  • Realización de una contribución esencial.

Según Bolea, serán coautores aquellos que lleven a cabo actos ejecutivos directamente vinculados a una acción típica, como el que sujeta a la víctima para que el compañero le golpee; El que realice un acto descrito en el tipo, como el que intimida a los que se hallan en su vivienda para cometer el allanamiento de esta;  El que proceda con un acto típicamente ejecutivo, como el que amenazando con un arma a los empleados de un banco permite que los demás se lleven el dinero de la caja; o el que realiza un acto ejecutivo directamente vinculado a una acción descrita en el tipo, como el que alerta de un incendio cercano a un vecino para que este salga de su casa y sus compañeros puedan entrar y robar en su vivienda. En cambio, no lo será aquel que haga entrega de instrumentos, objetos o información para cometer el delito, por no encontrarse dicha actuación vinculada en el mismo grado al hecho típico.

En conclusión, será coautor aquel que tenga el dominio funcional del hecho aceptando la conjunta actuación de los distintos sujetos activos y acabe por llevar a cabo algún acto esencial en la comisión del hecho típico.

Un ejemplo claro de coautor es el que la misma profesora Bolea aporta en su libro. Se trata de una Sentencia del Tribunal Supremo de 15 de marzo de 2002 en la que un hombre conduce un vehículo con otro hombre que va sentado en el asiento del copiloto portando un arma. El primero acerca el coche a otro para que el segundo pueda disparar a quien se encuentra en el coche al que se acercan y por dicha conducta es considerado coautor del delito.

Otro ejemplo es el que nos aporta la Audiencia Provincial de Barcelona en su sentencia del día 10 de diciembre de 2006, en la que se enjuicia la conducta de tres chicos que acorralando a un tercero, le sustraen un anillo que éste llevaba. Únicamente uno de los 3 sacó un cuchillo, pero el hecho de que la presencia de los otros intimidara aún más a la víctima y que ayudara a quien amenazaba con el arma a actuar de dicho modo hizo que se les considerara coautores del delito.

Por último, quisiera citar un ejemplo jurisprudencial relacionado con la figura delictiva de la violación, donde el debate entre coautoría y cooperación es extenso. Se trata del Auto número 983/1995 de 7 de junio por el que el TS inadmite un recurso de casación. El caso fue el siguiente: Dos hombres se acercan a un coche donde se encuentra una pareja para robarles. Les obligan a salir del mismo y una vez salen, uno de los hombres obliga a la mujer a entrar dentro y la penetra bucal y vaginalmente mientras el otro hombre mantiene fuera del coche a su pareja. Después del intento del recurrente de que solo se castigara al segundo hombre por el robo, el TS inadmite el recurso explicando que la conducta del mismo fue “imprescindible para la ejecución por el otro acusado del ataque contra la libertad sexual de la mujer, impidiendo por la fuerza la intervención de la persona que la acompañaba” declarándolo así, cooperador necesario.


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