La solución a los cursos causales irregulares

Hay ciertos casos en los que la responsabilidad de un sujeto (o el alcance de ésta) se pone en duda al tratarse de un curso causal irregular. Me explicaré con un ejemplo. Imaginen que un hombre, Óscar, sospecha que su mujer, Sonia,  le está engañando con otro hombre. Un día, decide seguir a su mujer para cerciorarse de que no es su cabeza la que le está jugando una mala pasada, y acaba descubriendo que sus sospechas eran ciertas, ya que ve como Sonia sale de un piso con otro hombre, Daniel, al que besa en el portal. Entonces, Óscar planea encontrarse con Daniel de madrugada, cuando éste vuelve a su piso después de trabajar y decide amenazarle con una navaja para que deje de verse con su mujer. Daniel se asusta y al intentar empujar a Óscar, este último le clava la navaja en el estómago y sale corriendo del lugar. Daniel consigue llamar a una ambulancia pero una vez en el hospital los cirujanos, que pensaron que aun con la gravedad de la herida podrían controlar la situación, cometen un craso error, olvidándose de suturar una zona y provocando así la posterior muerte de Daniel.

Una vez leído el ejemplo, ¿Quién debe responder por la muerte de Daniel? ¿Óscar? ¿El médico que cometió el error? ¿Ambos? Bien, salta a la vista que estos casos podrían dar pie a una larga discusión y son difíciles de resolver, porque, como vemos, el autor originario ( el primer causante de la lesión) ve como la acción dolosa o imprudente causada por él lleva a la muerte a otro, pero interviniendo entre su acción y el resultado, otra acción, ya sea de un tercero (como el médico) o del mismo herido, que por ejemplo, podría aprovechar la herida para dar lugar a sus deseos preexistentes de quitarse la vida, o podría sencillamente caer en la imprudencia de no acudir a un médico a tiempo y acabar falleciendo por esa tardanza.

Dado el atractivo de la búsqueda de una solución clara y fácil de esquematizar para estos casos, voy a intentar resumir los distintos grupos de casos relativos a estos cursos irregulares dando solución a cada uno de ellos, con la necesaria ayuda de las explicaciones del gran Enrique Gimbernat Ordeig, catedrático de Derecho penal de la Universidad Complutense de Madrid, en su libro ‘Cursos causales irregulares e imputación objetiva, ed.B de F, 2011.’.

 La principal característica de este tipo de casos que nos permite proceder a su clasificación es la de si la primera acción es dolosa ( Conciencia y voluntad de realizar los elementos objetivos del tipo, es decir, si A dispara a B, sabe que lo está haciendo y quiere hacerlo) o si es imprudente. Vamos a comenzar con las acciones dolosas. Éstas pueden seguir los siguientes cursos:

  • 1) El primer autor lleva a cabo una acción con la que pretende matar a otro. Esta acción provoca unas heridas que ponen en peligro la vida de la víctima, pero la muerte final de ésta ocurre por la intervención consciente y voluntaria o imprudente de un tercero o de la propia víctima (como el caso en el que no acudía al médico a tiempo).

A dispara a B para causarle la muerte pero B es llevado al hospital a tiempo para tratarle la grave herida aunque finalmente fallece porque uno de los cirujanos no sutura bien una herida interna.

  • 2) La acción del primer autor pretende lesionar, no matar, y con ella, se producen lesiones en la víctima, que no hacen que su vida corra peligro, pero esas lesiones se agravan o incluso producen la muerte, por culpa de la intervención consciente y voluntaria o imprudente de un tercero  o la predisposiciónn física desfavorable de la víctima.

A apuñala a B en una pierna para amenazarle y robarle todo lo que lleva encima y aunque la herida no afecta a ningún órgano vital y es de fácil curación, como B padece la extraña enfermedad de la hemofilia, su herida no deja de sangrar y no puede acudir al hospital más cercano por sí mismo y muere desangrado.

  • 3) El primer autor pretende matar a otro, pero le provoca unas lesiones que no ponen en peligro su vida. Las lesiones se agravan o acaba muriendo la víctima por culpa de la intervención consciente y voluntaria o imprudente de un tercero o la propia víctima, o la predisposición física desfavorable de ésta.

A apunta a B a la cabeza con una pistola pero el disparo le alcanza el hombro, causándole heridas que podrían tratarse sin dificultad, pero mientras la ambulancia le lleva al hospital, el médico que va con la víctima en dicho vehículo, le trata la herida con material médico no esterilizado, lo que le provoca la muerte a B.

Y por otra parte tenemos los cursos irregulares que comienzan con una acción inicial imprudente y que acaban con la agravación de las lesiones o la muerte por culpa de una acción dolosa o imprudente de terceros, de la propia víctima, o de su condición física desfavorable.

En los casos tipo 1 el Tribunal Supremo se ha pronunciado en muy diversas ocasiones. Ya en 1975 (STS de 11 de febrero de 1975) el altísimo tribunal declaró al causante de unas lesiones que ponían en riesgo la vida de la víctima, autor de un delito de homicidio doloso, aunque la muerte de la víctima se había producido por culpa de un error médico. El TS dijo entonces que cuando se produce una “herida inicialmente letal”, debe imputársele la muerte al autor originario. En 1994 (STS de 19 de mayo de 1994) el TS defendió que si la agresión inicial se puede considerar tentativa de un delito contra la vida, si se produjera la muerte, el autor originario responderá por ella, independientemente de la responsabilidad en la que incurra el médico en cuestión por haber contravenido la lex artis (reglas que rigen el correcto actuar de cualquier profesión, en este caso la de los profesionales de la medicina). En 2003 el Tribunal Supremo también condenó al autor de unas heridas letales por homicidio doloso, al fallecer la víctima por la tardanza del conductor de la ambulancia que debía llevarla al hospital, aduciendo que el fallecimiento se había producido a consecuencia del riesgo que la agresión había creado entorno a la vida de la víctima.

Pero podemos encontrar una excepción a la solución de estos casos. Se fundamenta en el principio del fin de protección de la norma que establece que solo puede imputársele un resultado a quien ha generado un riesgo que desemboca en un resultado típico (un resultado desaprobado jurídicamente en tanto que lo recoge nuestro código penal) que entra en el ámbito de la protección de la norma. ¿Qué significa esto en palabras llanas? Pues que si A hiere a B de forma que pone en peligro su vida, pero A se arrepiente y llevando a B al hospital en su coche, C choca imprudentemente con ellos y le causa la definitiva muerte a B, no puede imputarse el fallecimiento a A (solo respondería por tentativa de homicidio en su caso) porque el tipo de homicidio que recoge el CP protege la vida en cuanto que A ha agredido a B, pero no alarga su alcance a circunstancias que van más allá, como por ejemplo, que el hospital (ejemplo de Gimbernat) en el que se ecuentre curándose se incendie y muera o que subiendolo a la ambulancia tropiecen los médicos y le provoquen la muerte a B por un golpe en la cabeza en la caída. Es decir, que A dispare a B no aumenta el peligro de que, de camino al hospital, B muera por un choque con otro coche.

En el tipo de casos marca la diferencia la introducción en nuestro Ordenamiento Jurídico de la LO 9/1983, de 25 de junio, que proclamó el principio de culpabilidad (artículo 5 CP: No hay pena sin dolo o imprudencia). A partir de entonces caben 3 formas distintas de resolver estos casos. La primera es que el autor originario responda por unas lesiones dolosas en concurso con unas lesiones más graves imprudentes o un homicidio imprudente. La segunda solución es que el autor de las lesiones responda por el resultado final si lo ha previsto con dolo eventual, es decir, que en el transcurso de su primera acción, se representó mentalmente el posible desenlace y aun así decidió seguir. Y la última solución es la de que solo responda el autor originario por las primeras lesiones, al no poder prever lo que ocurriría después (Gimbernat menciona la STS de 31 de octubre de 1987 entre otras).

En los casos del tipo número 3, el autor originario respondería por una tentativa de homicidio, en tanto que quería provocar la muerte a la víctima, y luego respondería en concurso ideal por el homicidio imprudente si finalmente fallece la víctima (Gimbernat Ordeig, Enrique., ‘Cursos causales irregulares e imputación objetiva, ed.B de F, 2011.’. p.89).

Para finalizar,en los casos donde el autor originario causa una primera lesión imprudente, responderá únicamente del resultado final de muerte o de agravación de la lesión (también en calidad de imprudencia) si pudo prever que esas lesiones primeras que también eran previsibles, tendrían como consecuencia un  resultado más grave.


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