La existencia de alevosía y sus formas

La alevosía es un concepto que se asocia normalmente a realizar un acto “a traición” y bien lo demuestra la utilizada frase en los medios “con nocturnidad y alevosía”, cuyo primer elemento no está presente en ningún lugar de nuestro Código Penal (aunque puede situarse dentro de la agravante de aprovechamiento de lugar o tiempo del 22.2 CP), pero que asociamos también a esa característica más reconocible de la alevosía, que es el ataque por sorpresa. Pero debemos profundizar en esta circunstancia que agrava la responsabilidad penal porque actúa tanto de forma genérica para los delitos tipificados en el CP como de forma específica para el homicidio (convirtiéndolo en asesinato) o para las lesiones, dando paso a un tipo agravado, y además puede concurrir de diferentes maneras.

El propio Código Penal determina el concepto de alevosía en su artículo 22.1 como la situación en la que «el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando en la ejecución medios, modos o formas que tiendan directa o especialmente a asegurarla, sin el riesgo que para su persona pudiera proceder de la defensa por parte del ofendido». Dicha definición vale tanto para cuando la alevosía actúa como agravante genérica como cuando lo hace cualificando las lesiones o el asesinato, pero cabe aun desglosar aun más sus características para poder comprender cuándo debe estimarse esta agravante. El TS ha interpretado en numerosas ocasiones este precepto y por ello, ha determinado tres formas en las que puede concurrir la alevosía.

La sentencia del TS número 239/2004 de 18 de febrero, enjuiciando una tentativa de asesinato, recoge que “el núcleo del concepto de alevosía se halla en una conducta que tiene por finalidad eliminar las posibilidades de defensa por parte del sujeto activo”. Y a partir de aquí, se exponen los tres tipos que considera el Tribunal que forman la agravante de la que les escribo. La primera forma en que puede aparecer es la proditoria o aleve, que se da cuando “se obra en emboscada o al acecho a través de una actuación preparada para que el que va a ser la víctima no pueda apercibirse de la presencia del atacante o atacantes hasta el momento del hecho”. La segunda es la forma súbita o por sorpresa,  cuando “el agredido , que se encuentra confiado con el agresor, se ve atacado de forma rápida e inesperada”. Y por último, tenemos la alevosía por desvalimiento del ofendido, es decir, “como consecuencia de la particular situación de la víctima, ya por tratarse de persona indefensa por su propia condición (niño, anciano, inválido, ciego, etc.), ya por hallarse accidentalmente privada de aptitud para defenderse (dormida, drogada, sin conocimiento, anonadada.)

Así, el concepto de alevosía queda bastante claro, pero como siempre, hay conceptos que no son cerrados por completo, sino que admiten interpretaciones. Aunque es cierto que con la alevosía quedan bien descritas las circunstancias en las que concurre, siempre puede, por ejemplo, malinterpretarse qué es un ataque de forma rápida e inesperada. Por ello, a continuación expondré brevemente una sentencia que estimó la agravante de alevosía y otra que no lo hizo para tratar de que se visualice mejor los casos relativos al concepto que introduzco hoy.

La sentencia del TS número 879/2005 de 4 de julio, estimó la concurrencia de la agravante de alevosía en un caso de homicidio, pasando a calificarlo entonces como asesinato. El caso en cuestión trata de un hombre llamado Jesús Ángel que trataba de comprar cocaína a otro hombre, Federico. Durante la venta, apareció en el lugar donde se encontraban ambos el hijo de Federico, Alexander. Federico y Jesús Ángel volvieron a discutir sobre el precio de la cocaína y entonces dos hombres, Abelardo y Fidel se acercaron a Federico y el primero le cogió por el brazo, tal y como dice la sentencia citada, “diciéndole en todo indeterminado: ¿Qué pasa Federico?”, y entonces Alexander, pensando que algo peligroso estaba por venir sacó una pistola de 9 mm que llevaba y efectuó siete disparos con los que acabó con la vida de Jesús Ángel y Abelardo y le causó graves lesiones a Fidel. El TS admitió la presencia de alevosía en la conducta de Alexander, con lo que los dos homicidios y las lesiones causadas pasaron a ser dos asesinatos y un delito de lesiones cualificado. Y decidió su concurrencia porque antes de los disparos no hubo una grave discusión o agresiones entre las personas que interactuaban en dicho momento. De la manera que actuó Alexander fue imposible que las víctimas pudieran defenderse, por la rapidez con la que actuó y por el medio utilizado, con lo que podemos calificar su conducta como alevosa en su forma súbita.

La sentencia del TS número 1520/2001 de 18 de julio en cambio, desestimó la concurrencia de alevosía en un caso de homicidio en grado de tentativa, que acabó el Tribunal por dejar en unas lesiones consumadas por falta de pruebas sobre el arma blanca supuestamente utilizada por el agresor. En esta ocasión, un hombre, el señor Mariano M. se encontraba sacando la basura cuando vio a su vecino, Antonio José. Entonces, Mariano se acercó corriendo a Antonio y la nieta de éste le avisó de ello, con lo que dio un traspiés y cayó, abalanzándosele Mariano.y clavándole repetidas veces una navaja (que luego el TS estimó inexistente, considerando que la agresión se causó con golpes hacia la víctima) con el propósito de atentar contra su vida, sin lograrlo, causándole lesiones que tardaron 13 días en curar. Cabe decir, y es sumamente importante, que los dos ya habían discutido acaloradamente hacia escasas semanas, amenazando Mariano a Antonio con un cuchillo. Pues bien, el TS no estimó alevosía en la acción de Mariano porque ya habían tenido un percance anteriormente, lo que podía hacer que Antonio estuviese alerta ante la presencia de Mariano. Además, Mariano, al bajar a tirar la basura dio un portazo, siendo visto por Antonio, que había bajado de casa para hacer lo mismo, e incluso su nieta le avisó de que Mariano se le acercaba corriendo. Por lo tanto, el TS esgrime que Antonio “pudo defenderse y lo hizo de forma adecuada y eficaz”.

Pero no termina todo con la clasificación de las formas posibles de la alevosía y el análisis de su concurrencia, sino que es preciso diferenciarla de la agravante de abuso de superioridad, por ser conceptos muy cercanos, tanto que podemos decir que la alevosía subsume el abuso de superioridad pero pudiendo operar este último por sí solo. Esta última circunstancia agravante está regulada en el artículo 22.2 CP y consiste básicamente en prevalerse de una superioridad física que supone una mayor peligrosidad.  La sentencia del TS número 1274/2003 de 7 de octubre  expone ciertos requisitos que deben concurrir para entender que existe abuso de superioridad, tales como que haya un desequilibrio de fuerzas a favor de la parte agresora frente al agredido, que tal superioridad produzca una disminución notable en las posibilidades de defensa del ofendido, sin llegar a eliminarlas, que el agresor conozca esa situación de desequilibrio y se aproveche de ella y finalmente, que esa superioridad no sea inherente al delito.

Por lo tanto, y para concluir, la alevosía concurre cuando por circunstancias del momento relativas a la rapidez de la actuación o de su preparación o por las circunstancias de la víctima el agresor se ha asegurado el poder realizar el acto delictivo. De esa manera, la alevosía conlleva que se elimine cualquier posibilidad de defensa de la víctima. En cambio, el abuso de superioridad supone una situación considerablemente aventajada del agresor, que debilita las posibilidades de defensa de la víctima, como por ejemplo, conformando además uno de los casos típicos de abuso de superioridad, el actuar en superioridad numérica, es decir, en grupo, para perpetrar el delito que se hubieren propuesto.


3 thoughts on “La existencia de alevosía y sus formas

    1. La jurisprudencia ha venido aceptando dicha posibilidad, y no me parece desafortunada tal decisión. Esto puede explicarse en un sencillo ejemplo. Imagínese que un hombre quiere prenderle fuego a un inmueble. No lo sabe, pero acepta la posibilidad (dolo eventual) de que habrá personas dentro. Aun así, lleva a cabo su acción. El resultado en relación con las personas que había dentro del inmueble, será consecuencia de la acción de ese hombre con dolo eventual, ya que hacer daño o causar la muerte de dichas personas no era el resultado que buscaba principalmente, ni tan solo una consecuencia necesaria, ya que únicamente aceptó la posibilidad de que probablemente había personas dentro. Dichas personas serían atacadas de forma súbita, por sorpresa, por lo tanto cabe apreciar alevosía en su forma súbita. Si el sujeto activo de la acción (el que prende fuego al inmueble) actúa con dolo eventual al causar ese daño o intentarlo, también acepta que coge por sorpresa a esas personas, eliminando la posibilidad de que se puedan defender.

      Espero haberle solucionado la duda. El ejemplo es bastante gráfico. De todas maneras, acuda usted si puede a la jurisprudencia, hay varias sentencias del TS que aclaran esta cuestión. (Le copio una de ellas: Sentencia del Tribunal Supremo 466/2007– Sala de lo Penal – Sección 1 – de 24 de mayo de 2007)

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