El hurto famélico. ¿Qué ocurre si se hurta por necesidad?

Quiero que se imaginen el siguiente supuesto: Dos mujeres extranjeras, en situación de ilegalidad en España, sin trabajo, con 4 niños entre las dos y sin maridos que puedan cooperar para sustentar a la familia. Imagínense que las dos mujeres entran en un supermercado, totalmente desesperadas, nerviosas y asustadas por no poder alimentar a sus hijos, ni a ellas mismas. En dicho establecimiento deciden sustraer 9 Kg de arroz, pero son detenidas. En mi opinión, nadie diría que lo que han hecho ambas mujeres es reprochable, se trata de una situación de necesidad. Pero nuestros juzgados y tribunales deben decir la última palabra, confirmando que se dan los requisitos para determinar dicha acción como resultado de un estado de necesidad (artículo 20.5 CP), y precisamente este caso fue resuelto por la Audiencia Provincial de Madrid en 2004.

El estado de necesidad podemos definirlo como aquella situación en la que alguien, para evitar un mal propio o ajeno, provoca un daño igual o menor al que evita. Sin entrar en más terminología jurídica, que nos llevaría a diferenciar, por ejemplo, el estado de necesidad justificante y el exculpante, procederé a detallar cómo han reaccionado nuestros órganos jurisdiccionales del orden penal a estos hurtos calificados de famélicos o por necesidad.

Para dejar claro cuándo los tribunales estiman el estado de necesidad y cuándo no, expondré brevemente el fallo de dos sentencias que deciden lo contrario y además introduciré una sentencia del Supremo que expresa el criterio general en este tipo de casos.

Bien, la sala de lo Penal del Tribunal Supremo en sentencia del día 21 de enero de 1986 explica que concurre “hurto necesario, miserable o famélico en aquellos casos en los que se toman los bienes ajenos, sin la voluntad de su dueño, para subvenir a las más primarias y perentorias necesidades humanas, tales como alimentación, vestido, habitación y asistencia médico-farmacéutica”. Además, incluye aquellos casos en los que, aun sin hallarse en conflicto «la vida o la propia supervivencia con la propiedad o bienes ajenos, pero sí, por lo menos, entran en pugna los sufrimientos que el hambre, la desnudez, la intemperie o la enfermedad desatendida deparan al ser humano, con el respeto a la propiedad de los bienes ajenos.» Por último, exige el TS que «se actúe a instancias o impulsos del estado de precariedad, penuria o indigencia» y que no se trate de mera estrechez económica; que se pruebe que se han agotado todos los recursos que, en la esfera personal, profesional y familiar, podía utilizar. Queda bastante claro el criterio del TS para determinar cuándo estamos ante un caso que encaja en el hurto famélico.

Una vez descubierto cuándo concurre el estado de necesidad en estos casos de hurto, vamos a por la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que estimó dicha eximente. Se trata del caso que introduje al comienzo de esta entrada. Dos mujeres ecuatorianas que hurtan 9 Kg de arroz en un supermercado y son condenadas por el mismo juzgado de Instrucción nº 21 de Madrid, por tratarse de una falta, a un mes de multa cada una con una cuota diaria de 1,20 euros. Ante dicha Resolución se interpuso recurso de apelación, pasando el caso a la AP de Madrid, que absuelve a las acusadas. Y las absuelve porque aprecia la concurrencia del estado de necesidad al presentar ambas una situación totalmente precaria y siendo el arroz un alimento de primera necesidad en España y aún más para los ciudadanos ecuatorianos, que lo utilizan como base de su alimentación diaria.

¿Y cuándo puede desestimar un tribunal el estado de necesidad en estos casos? Un buen ejemplo es la sentencia dictada por la AP de Cudad Real el año pasado (Sentencia nº66/2014 de 29 de mayo). En esta ocasión el Juzgado de Instrucción nº 2 de Ciudad Real absolvió a D. Victorio, quien había hurtado una lata de mejillones valorada en 2,99 euros en un supermercado, de una falta de hurto. El ministerio fiscal presentó recurso de apelación ante la AP de Ciudad Real y ésta no apreció la concurrencia de los requisitos que llevan al hurto de alimentos a considerarse hurto por necesidad. El tribunal que conocía en apelación este suceso argumentó que la doctrina del hurto famélico es hoy día difícil de aplicar debido a «los mecanismos públicos y privados de protección social» y porque está basada en un estado de necesidad que obliga a cometer el hurto, y no en el escaso valor de lo sustraído o su destino. Además, justificó su sentencia condenatoria exponiendo que el demandado no había acreditado su situación de necesidad. De esta manera D.Victorio fue condenado por una falta de hurto a la pena de multa de un mes a razón de 4 euros diarios, suponiendo un total de 120 euros a abonar en 15 días desde el correspondiente requerimiento.

Las anteriores sentencias y el criterio del TS al respecto descifran la solución al conflicto entre la necesidad de alimentos y la propiedad ajena, siendo necesaria una situación de precariedad no subsanable de otro modo diferente al hurto. Con esto, vemos como al contrario de lo que puede pensarse, hurtar un alimento de ínfimo valor puede tener consecuencias legales serias, si lo comparamos con afrontar el pago de dicho producto. También nos damos cuenta con la citada jurisprudencia de que nuestro derecho muestra cierta empatía con aquellos que no tienen otra forma de salir adelante que cometiendo un acto antijurídico.


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