La mal entendida legítima defensa

Pensemos en el típico caso de dos ladrones que entran en una casa y alguno de sus habitantes decide no mantenerse pasivo ante tal intromisión y coge lo primero que encuentra para asestar un golpe a alguno de ellos y estos huyen sin su botín y malheridos. Bien, este tipo de casos, además de presentar infinitas variables y no ser, por supuesto, el único caso en el que podemos alegar legítima defensa, ha provocado el rumor de que quien se defiende en su casa durante un intento de robo va directo a la cárcel. De esta manera, una mayoría ciudadana no cercana a nuestra realidad jurídica piensa que estamos desprotegidos en los mencionados supuestos. Así que en esta entrada explicaré el concepto de legítima defensa y arrojaré cierta luz sobre la repercusión de defenderte de forma agresiva, incluso utilizando un medio racionalmente no proporcional al ataque sufrido.

La legítima defensa es, en esencia, una causa de justificación para una conducta que ya es típica. Es decir, si yo realizo una acción por la cual le causo la muerte a alguien, si dicha acción la he cometido sin alevosía, sin mediar precio, recompensa o promesa, sin ensañamiento y sin ánimo de facilitar la comisión de otro delito, habré llevado a cabo una conducta recogida en el artículo 138 del Código penal (homicidio), por lo que mi acción será típica. Pero al ser ésta consecuencia de un ataque ilegítimo (contrario a la ley) anterior —imaginemos que al sujeto al que yo causo muerte primero me golpeó con una piedra y tenía intención de seguir golpeándome—, mi conducta puede resultar impune.  El código penal introduce el concepto en su artículo 20.4, exponiendo de manera sencilla que estará exento de responsabilidad criminal “el que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes”. Dichos requisitos son que exista una agresión ilegítima anterior a la defensa, pudiendo calificarse de tal manera en caso de defensa de la morada la entrada indebida en aquella o en el caso de la defensa de bienes la comisión de un delito o el peligro de deterioro o pérdida inminente de aquellos, que la defensa ante dicha agresión ilegítima se ejerza por un medio racionalmente necesario y que la agresión ilegítima no haya sido provocada por quien se defiende.

La concurrencia de legítima defensa de forma completa, dándose todos los requisitos, elimina la pena a aplicar al sujeto que se defendió. Pero puede ocurrir que no todos los requisitos se den y si eso ocurre podrá atenuarse la pena en 1 o 2 grados (art. 68). Por ejemplo, si la pena para homicidio es de 10 a 15 años, rebajando un grado quedará en una pena de 5 a 10 años menos 1 día, y rebajando dos grados en una pena de 2 años y 6 meses a 5 años menos 1 día.  Para dar lugar a esta legítima defensa incompleta, podrán faltar los requisitos de necesidad racional del medio empleado o la falta de provocación. Si, en cambio, falta el ánimo de defensa, la necesidad de esta o  la agresión ilegítima  no se podrá acudir a la legítima defensa como eximente. Y es que precisamente es el requisito de la necesidad racional del medio empleado la que lleva a la confusión al ciudadano de a pie. Quien desconoce el derecho penal tiende a pensar (sin ánimo de generalizar) que si quien, por ejemplo, entra en mi casa a robar, me ataca con sus propias manos, sin usar ningún arma, y en cambio yo le asesto una cuchillada, causándole graves heridas, no se me aplicará la legítima defensa y tengo todas las de perder.

Para demostrar que esto no es necesariamente así y que puede lograrse la exención de pena en estos casos, resumiré el fallo de una sentencia de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo del año 2003 (Sentencia núm. 1708/2003 de 18 diciembre. RJ 2004\611) de manera sencilla y entendible. En este caso, dos hombres entraron de madrugada en un piso donde se encontraban una mujer y su marido durmiendo, rompiendo la puerta principal de la vivienda. Rápidamente atacaron a la mujer, y uno de ellos, Claudio, se enzarzó en una pelea con el marido, Gerardo. Ocurriendo todo esto en la oscuridad y en un momento inesperado y violento, Gerardo se pudo defender con un cuchillo de cocina que encontró en la habitación, asestándole 4 cuchilladas a Claudio, quien habría muerto de no recibir asistencia médica inmediata. El juzgado de instrucción correspondiente remitió el caso a la Audiencia Provincial de Madrid, que condenó a Gerardo a 2 años de cárcel por un delito de homicidio en grado de tentativa, privándole de sufragio pasivo por dicho periodo de tiempo, pagando las costas del juicio y abonando a Claudio 1222,49 euros como indemnización por incapacidad temporal y 2469,16 euros por secuelas y lesiones permanentes.

Por el fallo del mencionado Órgano jurisdiccional podríamos darle la razón a aquellos que opinan que en España no puede uno defenderse de un ataque ilegítimo en su propia casa. Parece algo nada censurable defenderse, incluso violentamente, cuando se es atacado en su propia casa, después de que golpeen a su mujer y ambos teman por sus vidas, dada la agresividad del ataque sufrido. Y en esta línea, se pronunció el Tribunal Supremo, ante el cual presentó la representación legal de Gerardo, recurso de casación, principalmente por indebida aplicación de la eximente incompleta del artículo 21.1 CP (remite este artículo a la versión incompleta de aquellas eximentes que establece el artículo 20 CP) e inaplicación indebida del artículo 20.4 como eximente completa.  El TS, al observar que sí concurrían el ánimo y necesidad de defensa, y la agresión ilegítima, pasó a determinar por qué razón se dio el exceso en el medio utilizado para repeler la agresión, entrando así en las circunstancias subjetivas de la acción de defensa.

En este punto, el alto tribunal ya ha admitido que existe un exceso en la defensa de Gerardo, que peleando sin arma alguna con Claudio, decidió usar un cuchillo con el que sabía que le causaría heridas graves. Pero seguidamente, se argumenta que dicho exceso puede ser compensado por un error de prohibición invencible. En palabras más llanas, si Gerardo hubiera creído que estaba utilizando un medio racionalmente necesario para salvar su vida y la de su mujer y no hubiera podido, en ese momento, comprender que no era así, quedaría exenta de pena su conducta. También arguye el TS que podría compensarse el exceso con la eximente del miedo insuperable, siendo precisamente lo que ocurrió en este caso, dictando el TS sentencia estimando el recurso de casación interpuesto por la defensa de Gerardo, por entender que este se encontraba en un estado emotivo que perturbó sus facultades psíquicas impidiendo que racionalmente escogiera un medio más adecuado a la agresión que sufrió.

En conclusión, no siempre es cierto que si alguien entra en tu casa, con ánimo de robar o agredirte, y tú te defiendes de manera violenta por resultar una situación en la que es excesivamente difícil actuar fríamente, tendrás muy difícil librarte de la pena correspondiente. Hay que recordar que el código penal no es, ni debe ser, una regulación casuística y que, por tanto, hay lugar para la interpretación de las reglas generales que se establecen, por ejemplo, para la legítima defensa; y más todavía cuando tratamos conceptos como “medio proporcional al ataque sufrido” o “medio racionalmente necesario” donde la proporcionalidad o aquello que es racional dependerán en gran medida de las circunstancias subjetivas que se den.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s